// Publicado originalmente en El Día de Salamanca el 14 de octubre de 2017 //

Mientras contemplaba, atónito, las palabras de Puigdemont en no sé qué web, porque no lo pude ver en directo (no por estar jugando a la pocha, sino porque tenía trabajo) miraba de reojo la tableta de mi hijo, que estaba disfrutando con uno de sus youtubers favoritos. En el vídeo se veía cómo una multitud de jóvenes se agolpaban para recibir al famoso creador del canal ElrubiusOMG, que cuenta con, atención, 25,9 millones de suscriptores. La verdad es que no me lo podía creer. Parecía (igual lo es, aunque yo no me haya dado cuenta todavía), una estrella del Rock&Roll.

No sé si es por la diferencia de edad, de intereses o de uso del canal, lo que vi en la tableta de mi hijo me recordó que existe una realidad en la que yo no vivo, pero que sí viven millones de personas, de habla hispana, especialmente jóvenes, y por la que los medios de comunicación españoles se darían de tortas a cambio de acaparar su atención. Si El Rubius parecía Los Beatles al ser recibido por aquella multitud de seguidores, es porque las cifras de audiencia que atesora su canal son igualmente apabullantes: el último vídeo que ha subido cuenta, en tan solo 5 días, con 5,8 millones de visualizaciones. Ya lo quisieran muchos para sí.

Según el informe La sociedad de la información en España, 72 de cada 100 personas que usaron internet, lo hacen para consumir vídeo en plataformas como Youtube, que, sin duda, es la reina, aunque no la única. La fragmentación de canales a través de las cuales se consume el vídeo es ya una realidad, pero la audiencia sigue subiendo y los contenidos diversificándose. Lo cierto es que el vídeo bajo demanda va restando protagonismo a la televisión programada en una sociedad que cuenta con múltiples dispositivos desde los que acceder a estos contenidos en el momento que más les conviene. Dispositivos que también se suman al consumo de vídeo en directo, cada vez más común y más sencillo. Ya sea desde medios de comunicación o desde particulares que emiten desde su móvil. En el 1-O hemos tenido muestras de ambos.

Los hábitos de consumo son bien distintos a cuando yo saboreaba mi merienda de pan con chocolate, junto a mis primos, viendo los dibujos animados frente a la televisión. O a cuando veíamos la familia al completo la peli del sábado por la tarde todos juntos. Esta fragmentación del consumo ha cambiado también nuestras conversaciones familiares, en las que cuando mi hijo me habla de algún vídeo que ha visto, yo me tengo que poner al día porque si no, no sé de qué me habla… ni en qué anda, cosa que me preocupa más. Esto también va muy rápido.

En el tema de los contenidos, además de toda la lista de vlogers (video-bloggers), gamers (jugadores de videojuegos) y demás, no deja de ser curioso que Youtube siga siendo el lugar favorito para escuchar música. Sí, has leído bien. Y lo lleva siendo años, aun cuando canales como Spotify estén especializados únicamente en eso. Y uno puede encontrar desde Lady Gaga a la Ópera Nacional de París. ¿Es no es fantástico?

Eso sí, junto a esos contenidos relacionados con el ocio, me viene a la cabeza cómo un viejo sueño de la televisión, la televisión como formadora, educadora, se ha hecho por fin realidad. Una buena parte del consumo de vídeo en estas plataformas y, por tanto, de sus contenidos, consiste en la visualización de videotutoriales para aprender a usar software o bien para aprender cualquier otra técnica o procedimiento. Y es que el vídeo como herramienta de aprendizaje despegó hace unos años y se ve imparable. Mucho, por cierto, con acento de América Central y del Sur, lo que empieza a normalizar acentos y a conseguir que a nuestros jóvenes les dejen de sonar extraños. La comunidad que habla castellano es una gran audiencia que puede compartir conocimiento, pero es también un gran mercado.

Aunque si hay algo que representa un gran salto cualitativo es el del paso de consumidor a creador de contenidos. Y en este sentido, el sueño de muchos de nuestros jóvenes de convertirse en youtubers, alimenta al mismo tiempo la necesidad de aprender una tecnología con la de aprender a familiarizarse con el lenguaje audiovisual. A comprender sus normas, sus trampas y sus leyes. Y, por tanto, a ser consumidores más críticos y emisores más eficientes, al menos en cuanto a lo que a lenguaje audiovisual se refiere.

¿Estaremos a la altura los estudios universitarios de comunicación de las circunstancias? Ahora, más que nunca, y para todas las disciplinas, la cultura visual y audiovisual se ve cada vez más importante no sólo para los especialistas, sino para todos los profesionales que cuentan con necesidades de comunicación.

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